San MiguelDaily
OPINION

Un pueblo mágico no puede vivir de la nostalgia

Entre bodas de destino y el auge inmobiliario, el corazón local de San Miguel lucha por no convertirse en una escenografía.

San Miguel de Allende dejó de ser el secreto mejor guardado de México hace décadas. Hoy, las calles empedradas que alguna vez inspiraron a pintores y escritores en los años cincuenta, son el telón de fondo de una poderosa maquinaria económica: el turismo de romance.

Los datos son innegables. Con más de 900 bodas anuales, esta industria genera una derrama económica superior a los 2 mil millones de pesos. Sin embargo, este modelo de "gentrificación transnacional" está erosionando silenciosamente el tejido social de la ciudad. El centro histórico se ha convertido en una escenografía de lujo, donde los precios inmobiliarios han expulsado a los sanmiguelenses hacia la periferia.

Hemos transformado nuestro patrimonio cultural en un recurso estandarizado para el consumo global. Las mercerías, panaderías y talleres de oficios han sido reemplazados por galerías de arte, hoteles boutique y franquicias. Un pueblo no puede vivir únicamente de la nostalgia de lo que fue, ni puede sostenerse como un simple parque temático para expatriados y turistas de fin de semana. Es urgente replantear las políticas de vivienda y comercio local antes de que el corazón de San Miguel deje de latir por completo.

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Ana Sofía Pardo
Por Ana Sofía Pardo
3/8/2026