Presa Allende al 5% de capacidad crítica: el fantasma de la sequía no cede
La sobreexplotación agroindustrial y la escasez de lluvias dejan a San Miguel y las comunidades rurales al borde del colapso hídrico.

El paisaje que ofrece hoy la Presa Allende es desolador. Con niveles que rozan el 5% de su capacidad total, el embalse se ha convertido en una planicie de tierra agrietada, salpicada por los restos de lo que alguna vez fue un ecosistema vibrante. La sequía prolongada que azota al estado de Guanajuato es solo el detonante visible de un problema mucho más profundo.
El verdadero colapso ocurre bajo tierra. El acuífero del Alto Río Laja sigue descendiendo a un ritmo alarmante de hasta 3 metros por año. Organizaciones como Caminos de Agua han documentado que más del 85% de la extracción hídrica en la región se destina a la agroindustria de exportación. Estamos exportando nuestra agua en forma de brócoli y espárragos hacia Estados Unidos, mientras las comunidades rurales enfrentan pozos secos.
A esta escasez se suma la crisis del lirio acuático que plagó la presa en años recientes, alimentado por las descargas de aguas residuales sin tratar. La combinación de sequía extrema, extracción desregulada y contaminación plantea una amenaza existencial para el municipio. Si no se declara una veda estricta a las concesiones industriales y agrícolas, el "fantasma de la sequía" dejará de ser una metáfora para convertirse en nuestra realidad permanente.
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